Email marketing y RGPD: qué puedes enviar sin meterte en líos
“Tenemos los correos de nuestros clientes… ¿podemos escribirles?” Es la duda que más proyectos de email marketing paraliza en las empresas pequeñas. Y el miedo tiene fundamento: la Agencia Española de Protección de Datos lleva años sancionando envíos comerciales sin permiso, con multas que arrancan en unos cientos de euros y escalan bastante según la gravedad.
La buena noticia es que las reglas son más sencillas de lo que parece, y en la mayoría de los casos sí puedes escribir a tus clientes. Vamos por partes.
Son dos normativas distintas, no una
Aquí está el malentendido más común. En España se cruzan dos leyes:
- →El RGPD regula cómo tratas los datos personales: por qué los tienes, para qué los usas y qué derechos tiene la persona.
- →La LSSI regula el envío de comunicaciones comerciales por medios electrónicos: si puedes o no mandar ese correo.
Cumplir una no te exime de la otra. Puedes tener una base legal correcta para guardar un dato y aun así no poder usarlo para enviar publicidad. Es justo el punto donde tropiezan muchos negocios de buena fe.
A tus clientes sí puedes escribirles (con condiciones)
La LSSI contempla una excepción pensada precisamente para esto: si alguien ya te compró, puedes enviarle comunicaciones comerciales sin pedirle un permiso nuevo, siempre que se cumplan cuatro condiciones a la vez:
- →Existe una relación contractual previa: te compró o contrató algo.
- →Obtuviste sus datos de forma lícita en el marco de esa relación.
- →Le escribes sobre productos o servicios similares a los que ya adquirió — no sobre cualquier cosa que vendas.
- →Le diste la opción de oponerse al recoger el dato, y se la sigues dando en cada envío.
Esa cuarta condición es la que más se descuida: el enlace de baja no es un adorno legal, es parte de lo que hace lícito el envío.
Para todo lo demás, hace falta consentimiento expreso
Si la persona no te ha comprado —se apuntó en una feria, dejó una tarjeta, descargó algo, o simplemente encontraste su correo— necesitas su consentimiento explícito para enviarle comunicaciones comerciales.
Y explícito significa una acción afirmativa suya: una casilla que marca ella. Nunca premarcada, nunca escondida en unas condiciones generales, nunca deducida de que “no dijo que no”.
Las tres prácticas que te meten en problemas
- →Comprar o alquilar listas de correos. No hay forma de que esto sea lícito, por muy legal que diga ser el proveedor. Además arruina tu reputación de envío.
- →Importar contactos “que ya teníamos por ahí” sin saber cómo se recogieron. Si no puedes demostrar de dónde salió un dato y con qué permiso, no lo uses.
- →Mandar promociones a clientes de un servicio sobre productos que no tienen nada que ver. Eso ya sale de la excepción y entra en terreno de consentimiento.
Lo que debe llevar cada envío
Con independencia de a quién escribas, todo correo comercial necesita: identificar claramente quién lo envía, un enlace de baja visible y que funcione de verdad, y tus datos identificativos al pie. Y conviene guardar registro de cuándo y cómo consintió cada persona — si algún día te lo preguntan, la carga de la prueba es tuya.
Un apunte práctico: cumplir esto no es solo evitar sanciones. Las listas limpias y con permiso real llegan a la bandeja de entrada; las sucias acaban en spam. La ley y la eficacia apuntan en la misma dirección.
Preguntas frecuentes
¿Puedo escribir a alguien que me dio su tarjeta en una feria?
Solo si en ese momento le informaste de que le enviarías comunicaciones comerciales y aceptó. Recibir una tarjeta no equivale a un consentimiento para enviar publicidad: es un contacto profesional, no un permiso.
¿Y si vendo a otras empresas (B2B)?
El B2B tiene algunos matices —los datos de una empresa como tal no son datos personales—, pero en cuanto escribes a una persona identificable dentro de esa empresa, aplican las mismas reglas. La creencia de que “en B2B se puede enviar a cualquiera” es de las que más disgustos dan.
¿Cada cuánto hay que renovar el consentimiento?
La normativa no fija un plazo concreto, pero un consentimiento de hace muchos años, de alguien que nunca abre tus correos, es difícil de defender y además te perjudica la entregabilidad. Depurar la lista cada cierto tiempo es buena práctica en los dos sentidos.
¿Puedo escribir a quien me escribió pidiendo presupuesto?
Puedes responderle a su consulta, claro. Otra cosa es incorporarlo a tu lista de envíos comerciales: para eso necesitas su consentimiento, salvo que la relación acabe en contrato y entre en la excepción de clientes.
En resumen
Si escribes a tus clientes sobre cosas parecidas a las que ya te compraron, con opción de baja clara en cada envío, estás en el escenario más habitual y más tranquilo. Para el resto, consentimiento expreso. Y nunca, bajo ningún concepto, listas compradas.
Este artículo es orientativo y no sustituye al asesoramiento de un profesional legal — para casos concretos, consúltalo. Si lo que quieres es montar tu email marketing con la base ordenada desde el principio, reserva tu diagnóstico gratuito y revisamos qué tienes y qué se puede activar. También te puede servir la guía para lanzar la newsletter de tu empresa.

